lunes, 29 de abril de 2019

La misión Solar Orbiter se acercará al Sol para ofrecer datos nunca antes vistos

La nave Solar Orbiter se acercará al Sol más de lo que ninguna otra misión ha logrado hasta ahora, soportando un calor abrasador. / ESA/ATG medialab (Sol: NASA/SDO/P. Testa-CfA)
Desde principios de la década de los 90, dos misiones conjuntas de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) se han dedicado a estudiar la actividad del Sol: Ulises, que operó entre 1990 y 2009 tomando medidas con sensores hasta una distancia de 1,35 unidades astronómicas (UA) de nuestra estrella; y SOHO, todavía activa desde su lanzamiento en 1995 y equipada con telescopios y cámaras que han ofrecido las imágenes más conocidas del Sol, captadas a unas 0,99 UA.
Pero en febrero de 2020 la ESA lanzará un nuevo satélite, equipado tanto con sensores como con telescopios, que se aproximará como ninguno otro antes a nuestra estrella: la misión Solar Orbiter, que en su punto más cercano estará a tan solo 0,28 UA, casi un cuarto de la distancia que nos separa del Sol e incluso inferior a la de Mercurio.
Además, por primera vez ofrecerá imágenes de sus regiones polares con una resolución sin precedentes. Para que la sonda suba por encima del plano de la elíptica para la observarlos y se aproxime tanto al Sol necesitará varias asistencias gravitatorias en Venus y la Tierra.
“Entre otros objetivos, la nave permitirá obtener nueva información sobre el viento solar, las partículas energéticas solares y la relación de la actividad del Sol con el entorno magnético de la Tierra”, ha explicado el jefe de proyecto de la misión, César García, durante la rueda de prensa celebrada este jueves en el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) cerca de Madrid.
“Como principal impulsor del clima espacial, es esencial conocer el comportamiento del Sol para encontrar la mejor forma de salvaguardar mejor nuestro planeta”, ha destacado García, quien ha señalado que este mes la nave está siendo sometida a diversas pruebas en las instalaciones de la empresa aeroespacial alemana IABG, cerca de Múnich.




Por su parte, el responsable científico de Solar Orbiter, Yannis Zouganelis, ha resumido las preguntas que tratará de responder la misión: "¿Cómo y dónde se calienta y acelera el viento solar (que viaja a 800 km/s) desde una corona que puede alcanzar los dos millones de grados centígrados?, ¿cómo funcionan las erupciones o eyecciones de masa coronal (CME) y se producen las partículas energéticas (que pueden interferir en los sistemas eléctricos y las telecomunicaciones de la Tierra? y ¿cómo es el interior del Sol, su dínamo y actividad solar? 
Para responder a estas cuestiones, Solar Orbiter cuenta con diez innovadores instrumentos científicos que, en conjunto, incorporan 27 sensores y nueve telescopios; además de paneles solares, antenas, sistemas para controlar su posición y un potente escudo térmico.
Este está compuesto por tres capas separadas entre sí para facilitar la dispersión lateral del calor, que puede llegar a los 500 ºC cuando la nave se aproxime al Sol. La capa más externa está fabricada en titanio recubierto por calcio carbonizado (hueso animal triturado). El escudo también incluye varias compuertas que se abren para permitir las observaciones de los instrumentos. 
Por cuestiones de distancias y limitación en la transmisión de datos, sobre todo cuando la sonda esté más lejos de la Tierra, se han seleccionado tres ventanas de observación de diez días aprovechando los momentos de aproximación a nuestra estrella, según ha explicado Anik De Groof, coordinadora de operaciones de instrumentación.
“La velocidad de las comunicaciones pueden variar entre 1 Mbps cuando la sonda pase más cerca de nosotros hasta los 40 kbps cuando se localice en el punto más alejado”, ha indicado De Groof, que ha puesto un ejemplo: “Imagina lo que supondría descargar un vídeo cuando la sonda esté en el extremo opuesto; así que los datos permanecerán a bordo hasta seis meses y tendremos que asegurarnos de que podemos recuperarlos a tiempo antes de generar más y que se llene la memoria”.

Para más información les dejamos la página oficial de la Agencia Sinc.

lunes, 15 de abril de 2019

Descubren el gen que atrae a los mosquitos al sudor humano

Foto: Agencia Sinc
Las hembras de mosquito encuentran en la sangre de los vertebrados los nutrientes necesarios para poner sus huevos. Atraídas por el dióxido de carbono que emiten los humanos al respirar y por los ácidos lácticos de su sudor, estos insectos utilizan su sentido del olfato para encontrar a sus presas, según ha informado la Agencia de noticias Sinc.
Para saber más sobre este proceso, investigadores del Laboratorio de Genética Tropical de Miami (EE UU) han estudiado a la especie Aedes aegypti, un peligroso transmisor del dengue y la fiebre amarilla, y han descubierto que el gen Ir8a es el responsable de que puedan percibir el olor a sudor.
“La clave de que los mosquitos Aedes aegypti puedan detectar a sus huéspedes humanos reside en el receptor olfativo IR8a”, declara a Sinc el neurobiólogo Matthew DeGennaro, líder del trabajo publicado en la revista Current Biology.
“Cuando se elimina este gen en el laboratorio, el insecto pierde su capacidad de respuesta ante los ácidos volátiles y, con ello, aproximadamente el 50% de su atracción por los humanos”, añade.
Para llegar a estas conclusiones, eliminaron el Ir8a de los mosquitos de la muestra a través del sistema de edición genética CRISPR-Cas9. Luego, liberaron mosquitos salvajes y otros sin el gen cerca del brazo de uno de los investigadores. Mientras que el primer grupo acudió a su piel en busca de alimento, ni uno de los mutantes se interesó por él en los primeros cuatro minutos de exposición.
Los investigadores subrayan que a partir de los resultados obtenidos se podrían diseñar repelentes y trampas más efectivas. “Los olores que enmascaran la vía IR8a podrían mejorar la eficacia de los repelentes actuales. De esta forma, nuestro descubrimiento podría ayudar a evitar que las personas sean las presas principales de estos insectos”, sostiene DeGennaro.

Mosquitos mutantes sin olfato

En 2013 DeGennaro lideró el equipo de científicos de las universidades de Rockefeller y de California (EEUU) que reveló que el gen olfativo orco es el responsable de la preferencia de los mosquitos hembras por la sangre humana frente a la de otros vertebrados.
 “Al eliminar la función del gen orco bloqueamos una familia de receptores que los mosquitos usan para sentir los olores”, cuenta el neurobiólogo. “Sin embargo, la pérdida de esta vía no redujo la atracción de mosquitos por los huéspedes cuando había dióxido de carbono presente. Esto me hizo pensar que existían otras vías olfativas que eran importantes para que los mosquitos encontraran a sus huéspedes”, añade.

Matthew Degennaro, líder del Laboratorio de Genética Tropical de Miami (EE UU) / FIU
A partir de esa idea, el científico encargó a su estudiante de doctorado Joshua Raji alterar el Ir8a, que se expresa en la antena. Al hacerlo, observaron que aunque los chupópteros podían detectar el dióxido de carbono y el calor de la gente, dejaban de percibir los ácidos lácticos del sudor.

Según DeGennaro, el objetivo final es desarrollar un perfume para proteger a las personas de las picaduras de mosquitos portadores de enfermedades infecciosas, aunque hay que seguir investigando.
“La transmisión de enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla, Zika y la malaria puede ser bloqueada si evitamos que estos mosquitos nos piquen”, dice DeGennaro. “Pero para ello, primero necesitamos entender la base molecular del comportamiento de los mosquitos”, concluye.

Todo lo que tenes que saber sobre como alcanzan su gran tamaño las arañas marinas gigantes

Foto: Agencia Sinc

Las arañas marinas, que miden en general unos pocos centímetros, se extienden por los océanos de todo el mundo, pero solo en los mares polares, donde se alcanzan temperaturas extremadamente bajas, los ejemplares se hacen gigantes y pueden superar los 70 cm. Se cree que unas 190 especies de estos arácnidos habitan en aguas antárticas, según ha informado la Agencia Sinc.
Hasta ahora, los científicos mantenían la hipótesis de que la temperatura del oxígeno justificaba el gran tamaño de ciertos animales en el frío de la Antártida, cuyas temperaturas giran en torno a los -1,9 ºC todo el año. El metabolismo más lento de estas criaturas podría explicar su gigantismo.
“Es mucho trabajo para los animales capturar oxígeno y llevarlo hasta sus células”, indica Caitlin Shishido, investigadora en el departamento de Biología de la Universidad Hawái en Manoa (EE UU).
Para Shishido, este esfuerzo es mayor para los animales grandes que para los pequeños. “Si las temperaturas frías hacen que necesites menos oxígeno, puedes crecer a un tamaño más grande”, recalca la primera autora del estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.
Para comprobarlo, el equipo de científicos, liderado por Amy Moran, viajó a la Antártida y analizó el caso de los picnogónidos, unas arañas marinas gigantes, que carecen de branquias u otros órganos respiratorios especializados como pulmones, y que respiran a través de sus largas patas.

Un experimento con agua más caliente:

Los investigadores realizaron un experimento en la estación McMurdo de la Antártida para observar la reacción de las arañas de mar gigantes de la especie Colossendeis megalonyx en comparación con otras de menor tamaño, como Ammothea glacialis en aguas con temperaturas desde los -1,8 ºC a los 9 ºC.
Los resultados sorprendieron a los científicos. En contra de las predicciones, los arácnidos gigantes mantuvieron el ritmo de los más pequeños a cualquier temperatura. “Las arañas gigantes no solo pudieron sobrevivir a temperaturas mucho más altas de lo que suelen experimentar, sino que también lidiaron con temperaturas cálidas como las más pequeñas”, explica Shishido.
Y esto era poco probable que sucediera: “Los animales más grandes deberían haber agotado su suministro de oxígeno y haberse quedado sin gas mucho antes que los pequeños”, subraya la investigadora. Pero no les ocurrió a estas arañas de mar gigantes que difunden el oxígeno a través de la ‘piel’ de sus patas.  
El equipo utilizó microscopios para observar de cerca esas patas y descubrieron que estaban cubiertas de poros. Los investigadores descubrieron que a medida que las arañas crecían, sus exoesqueletos se volvían cada vez más porosos.
“Esto puede compensar el aumento de la demanda metabólica y las mayores distancias de difusión de los animales más grandes ya que se facilita el suministro de oxígeno por difusión”, apuntan los autores en su estudio.
Aunque los experimentos realizados son a corto plazo, los científicos consideran que, gracias a la porosidad de sus patas, estas arañas marinas gigantes de la Antártida podrían no ser tan vulnerables al calentamiento de los océanos como se pensaba hasta el momento.

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